Los tatuajes ¿son buenos o malos?

¿De dónde vienen?

Desde considerarlos una forma de arte hasta ser vistos como profanación del cuerpo. Los tatuajes no dejan de ser un tema tabú mientras que, paradójicamente, han acompañado a la humanidad desde hace milenios. El primer registro histórico que se tiene de un cuerpo tatuado se sitúa alrededor de 3.300 A.C. Cuando “Ötzi” fue encontrado momificado en los Alpes. En consecuencia, National Geographic, dice que la evidencia sugiere que el método utilizado consistía en realizar pequeños cortes para luego frotar carbón encima. Con este método, alcanzaban a tener hasta 50 tatuajes.

Culturas como la Samoa o las tribus celtas utilizaban los tatuajes como forma de expresión cultural, los egipcios e hindúes como rituales de adoración a dioses y de sanación.

Su simbolismo varía de cultura a cultura, así como dependiendo de la época. Realizar una línea de tiempo de cuándo, cómo y por qué aparecieron los tatuajes también es contar la historia de la raza humana, con sus luces y sombras.

Bandidos, marineros, piratas e incluso monjes utilizándolos como hechizos protectores contra las fuerzas del mal.

Una persona con una marca permanente podía significar desde que no era de confiar hasta su estatus social y político.

Los tatuajes como expresiones culturales

Hombre maorí con tatuajes en la cara
Hombre maorí con cara tatuada

No hace falta viajar al pasado para vislumbrar las diferencias culturales de los tatuajes. Realizarse un tatuaje con la tribu maorí no tiene el mismo significado que tatuarse en un país occidental. Sin embargo, su valía estética cobra más fuerza desafiando los imaginarios culturales que los relaciona con vándalos y pandilleros.

Un ejemplo icónico son los Mara Salvatrucha, quienes se identifican por tener manos de plegaria y un ying-yang en partes específicas del cuerpo.

Ciertamente, relacionar los tatuajes con personas al margen de la ley implica negar su cara luminosa. Por ejemplo, han acompañado a sobrevivientes de guerra, movimientos sociales, musicales y rebeldía con sus hitos históricos, creando una sensación de pertenencia y relevancia en el mundo.

A través de una expresión de individualidad y pertenencia en el colectivo, desde lo más expuesto y desde lo que más siente: desde la piel.

Dado todo este contexto, cabe preguntarse ¿verdaderamente vale la pena hacerse un tatuaje? ¿vale la pena realizarse un cambio permanente en el cuerpo? la respuesta podría encontrarse en los interrogantes:

¿Que tipo de tatuajes te gustan?

Incluso si no hay una razón profunda, sublime y trascendente, es válido tatuarse algo sencillamente porque te agrada o despierta un gusto particular, lo cual habla de la estética personal.

¿Deseas cubrir alguna imperfección con el tatuaje?

Utilizar tatuajes para cubrir cicatrices, estrías u otras imperfecciones de forma estética y artística ha cobrado mayor relevancia en los últimos años, decidir decorar el cuerpo para no hacer tan evidente aquello que no es tan agradable implica, psicológicamente, una reconciliación corporal.

¿Quieres honrar algún gusto, persona o etapa en la vida?

Esta es la motivación principal que mueve a la mayoría de las personas a realizarse el primer tatuaje. Honrar la propia historia con personas o etapas que poseen una carga emocional importante también realza la individualidad, los afectos, las motivaciones y marca momentos importantes o incluso dolorosos, como el duelo. Tatuajes que merecen llevarse en la piel mirando la propia biografía con ojos amorosos, de orgullo, de resignificación de algo importante o doloroso.

¿Deseas vivir la experiencia de hacerte un tatuaje?

Realizarse un tatuaje, merece un proceso de toma de decisión muy reflexivo, elegir bien a un tatuador y tomarse el tiempo de ver su trabajo y conversar con él/ella. Debes saber que estarás un mínimo de 15 minutos (para tatuajes pequeños) recibiendo 100 perforaciones por segundo de, al menos, una aguja en la piel que deposita tinta… que no duele tanto como dicen.

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